jueves, 17 de septiembre de 2015

La soledad de la infertilidad

Muchas de vosotras ya sabéis que una de las principales razones por las que me decidí a escribir este blog fue para hacer frente a la soledad. Ese sentimiento, que puede llegar a ser considerado a veces incluso como enfermedad, que te hace sentirte completamente sola aunque realmente estés rodeada de gente.


En estos largos meses de búsqueda, ya sumamos 23, me he dado cuenta de que no importa con cuánta gente esté, si estoy en el trabajo, de compras, tomando algo con amigos o en una cena... da igual, siempre tengo un sentimiento de soledad acechándome. Cuando escribo en este blog, sin embargo, aunque estoy físicamente sola, me siento acompañada. Cuando leo un comentario, o simplemente veo que ha habido nuevas visitas que significan que he podido ayudar a alguien, me siento bien, comprendida.

Lo cierto, es que ese sentimiento de soledad que muchas sufrimos, es provocado por la incomprensión en torno a la infertilidad de la que hemos hablado más de una vez. La gente desconoce cómo se vive todo esto, muchas veces aunque saben que estás mal no saben como animarte y prefieren hablar de trivialidades, y eso al final hace que sintamos que nadie nos entiende y, en consecuencia, que estamos solos.

Esta misma mañana, escuchando la radio mientras desayunaba, una psicóloga hablaba de la soledad y de sus muchas variantes. Una de ellas era ésta de la que estoy escribiendo, la soledad a la que se llega a través de la incomprensión. Ella decía algo que a mí siempre me ha parecido crucial en esta lucha, que es muy importante comunicar, hablar, poder desahogarse. Porque así nuestros problemas y miedos se comparten y se hacen más pequeños.

Por desgracia, no todo el mundo se atreve a dar el paso y salir del armario de la infertilidad, es respetable, pero no demasiado recomendable. Llevarlo en secreto puede suponer demasiado peso en nuestras mochilas y derivará casi seguro en la fastidiosa soledad. Siempre ayuda tener a alguien que pueda escucharte. No es que te vaya a solucionar el problema, pero simplemente el mero hecho de sentirse comprendido es un paso. No hablo de contárselo a todo el mundo, pero sí al menos a nuestras familias y, si se puede y se quiere, a algún amigo íntimo.

Las parejas juegan también un papel fundamental, yo más de una vez he dado gracias por tener a medianaranja. Pero hay veces que quieres dejar ese tema de lado y sentirte como una pareja normal, besarte, reírte, pasear y salir a cenar sin pensar en la mala suerte que tenéis. Y es entonces cuando tendrás que recurrir a alguien externo que esté dispuesto a escuchar tus penas, porque siempre vamos a necesitar una válvula de escape.

Así que os animo a que no tengáis miedo a hablar con quienes os quieren de verdad, con vuestra gente. No es nada de lo que avergonzarse lo que nos está pasando. Es más, yo diría que es digno de orgullo, ¡todo lo que estamos luchando por ser padres! Digno de admiración aguantar las hormonas, las duras esperas, levantarse después del enésimo golpe y sacar fuerzas de la nada para seguir luchando. La vida nos lo ha puesto difícil, pero aún así seguimos adelante, sufriendo, pero con la cabeza alta.

Es verdad que puede que haya gente a la que se lo contéis que no responda como esperábais, que no sepa cómo tratar el tema y que, a pesar de que les hayáis dicho que lo estáis pasando mal, no sean capaces de preguntar qué tal estáis. Eso puede pasar, de hecho pasa y duele mucho, pero igualmente merece la pena compartir, luchar en compañía y celebrar la victoria con alguien. ¡Que el mundo sepa que lo hemos conseguido porque nunca nos dimos por vencidos!

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