martes, 4 de agosto de 2015

¿Somos nosotras o son los demás?


Mientras espero a que me baje la regla y decido si me hago la cuarta IAC o lo dejo hasta septiembre, sigo con mis reflexiones. La de hoy está relacionada con la gente que nos rodea. Sí, esa gente (amig@s en su mayor parte) que sabe por lo que estás pasando y que, la inmensa mayoría de las veces, no sabe empatizar. Al principio dudaba si era yo que no me "dejaba querer", y ahora tengo claro que no. No soy yo, son ell@s.

En este horrendo año y medio que me he pasado ya buscando a mi chiquitín/a he vivido muchas cosas, emociones y frustraciones, he pasado por mucho y me he dado cuenta de que mucha gente prefiere no saber nada del tema, es como si les hiciera sentir incómodos. 

Están tus familiares más cercanos, padres y herman@s, a quienes siempre vas a tener cerca (yo al menos en mi caso sobrevivo gracias a su apoyo incondicional) y luego están l@s amig@s. Por partes, primero de todo quiero aclarar que no me refiero a esos conocidos con los que sales de cuando en cuando que se hacen llamar amig@s, pero a los que nunca contarías tus penas. No, no hablo de ell@s. Me refiero a ese círculo de amistades, los que llevan contigo media vida y de los que esperas solidaridad. Esos a los que sí les cuentas por lo que estás pasando.

Los que me conocen saben que soy una persona bastante abierta, no tengo pelos en la lengua cuando se trata de compartir mis cosas, siempre que sea con los míos claro. No he llevado todo este proceso en secreto, pero por contra, sí he tenido poca respuesta afectiva, por así decirlo. No sé si es porque los que me rodean están ya embarazad@s o felizmente con sus bebés y no les queda tiempo para más, pero no me he sentido apoyada, al menos no por el 100% de las personas que han sabido de mi "probemilla".

Lo que saco en claro después de todos estos meses es que nadie sabe lo que es ésto si no ha pasado por ello, y por lo tanto es difícil que te entiendan. Cuando se está inmerso en un tratamiento de fertilidad, sea el que sea, hay días regulares, días malos y días muy muy malos. Muchas veces, durante las dos semanas de espera sobre todo, los nervios están tan a flor de piel que estamos insoportables, o lloronas, y no nos apetece que nos vean así. Pero los peores días son los negativos, esos en los que te tocaba hacerte el test de embarazo y una vez más sólo obtienes una rayita solitaria. Esos son los días en los que te gustaría meterte bajo tierra y desaparecer, pero no puedes, así que optas por meterte bajo una manta en el sofá y llorar a moco tendido mientras tu pareja te consuela y te dice que ya queda menos, que seguro que pronto lo conseguimos. 

Cómo quiero a mi media naranja por toda la paciencia y el amor que está demostrando estos meses.

En fin, que me lío... sigo. Decía que hay días en los que no quieres salir de casa porque estás destrozada, cuando no son las hormonas y sus efectos, son los batacazos de fin de ciclo, y es en esos días cuando más necesitas a los tuyos. Sin embargo, es posible que no todos vayan a estar al pié del cañón. Algunos preferirán dejar pasar el tiempo y hacerse los suecos porque creen que te van a molestar. Es una elección totalmente lícita, hay quien ve todo esto como un tema incómodo, algo tabú, pero duele. Duele mucho porque es cuando no estamos bien cuando necesitamos su apoyo, porque a las buenas es todo muy divertido, pero a las malas... ahí es cuando se demuestra quién va a estar a tu lado pase lo que pase.

Lo que más me molesta es esa gente que, a pesar de saber por lo que estás pasando, te reprocha que no sales y te dice que si no te preguntan qué tal estás es porque tú te estás distanciando. ¿Peeeerdooooonaaaaaa?? Realmente me impacta que alguien pueda llegar a acusar a una persona que no puede casi ni con su alma de distanciamiento. ¿Es que acaso cuando estamos mal tenemos que ponernos un cartel y una señal sonora que anuncie que necesitamos un abrazo o una palabra de ánimo? Yo pensaba que cuando uno lo pasa mal, y hace partícipe a sus amig@s de ello, recibía comprensión en vez de rechazo y rencor. Hay a quien sólo le falta "echarte del grupo" por haber estado "rara" últimamente. El súmmum de la estupidez, vamos.

Por eso digo, y excuso en parte a estos amig@s, que el problema es el desconocimiento, el no saber realmente qué es llevar tiempo buscando sin resultados. Empezar un tratamiento y otro y otro... para nada. No haber vivido en tus propias carnes esa montaña rusa infernal hace complicado empatizar y no se le da la importancia que merece. Porque si esa misma amiga que sufre por su infertilidad, estuviera sufriendo, por ejemplo, por una enfermedad, la solidaridad y las palabras de animo serían incuestionables, y absolutamente nadie se atrevería a acusarle de distanciamiento, porque entenderían su dolor. ¿A que sí?

Con todo esto no quiero decir que se nos deba tratar como a víctimas y tenernos entre algodones, sólo considero que se nos debería entender un poco más y no pensar que lo nuestro "no es para estar así". Cada uno lo lleva como buenamente puede. Habrá a quien no le afecte, y a quien, como a mí, le tenga en un sinvivir y necesite el apoyo de los suy@s.

Por eso desde aquí quiero agradecer a esas amigas que siguen mis quince días de espera conmigo, preguntándome como lo llevo, si noto algo, si estoy bien; a esas "casi hermanas" que cuando el mundo se te viene abajo por otro negativo te obligan a salir a comer con ellas, que insisten e insisten hasta que les tienes que decir que sí porque son muy tercas. Gracias por ser tan "pesadas", por vuestras llamadas, whatsapps y por hacer de mi lucha y mi sueño parte de vosotras. Porque con vuestra ayuda, mis disgustos son más pequeños, mis horas de espera son más cortas y, lo más importante, me siento querida.

Eso es empatía y lo demás tonterías.

Gracias.





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