viernes, 21 de agosto de 2015

Cosas que me hacen reír

Cuando echo la vista atrás, después de un año de relaciones sin éxito (al menos en lo que se refiere al embarazo, claro) y de tres inseminaciones artificiales negativas, me doy cuenta de que me han preocupado tantas cosas que ahora me hacen reir...

Soy una persona concienzuda y todo me lo tomo muy en serio. Si quiero algo, me lo trabajo día y noche hasta conseguirlo e intento hacerlo todo perfecto para alcanzar mi objetivo. Ser madre es mucho más que cualquier objetivo que me haya podido marcar en mi vida, es EL OBJETIVO. Al menos así lo veo a día de hoy. Pero a medida que pasan los días y los meses, he empezado a relativizar las cosas y puedo reírme de lo que hace no tanto me parecía de vida o muerte.

Me río a carcajadas de una imagen que me viene a la cabeza de vez en cuando, una imagen en la que corro como una descosida con mi pareja con el bote de semen desde el coche hasta el laboratorio el día de mi primera inseminacion artificial. Cómo corríamos... madre mía... medianaranja controlando el reloj para comprobar que no había pasado todavía más de media hora desde la extracción y yo trotando detrás suyo con el bote e intentando sujetarme las tetas con los brazos para que no me botaran porque me dolían a más no poder. Una locura... pero me iba la vida en ello! Yo quería que la muestra llegara a la hora exacta y en el estado perfecto. No sirvió de mucho la carrera aquella, pero al menos tengo esa anécdota para contar hoy aquí y me estoy meando de la risa mientras la escribo.

También puedo reirme de aquellos días en los que llegaba de trabajar loca de contenta porque había tenido el flujo de ovulación y había que ponerse manos a la obra. Creo que medianaranja lo adivinaba sólo con echarme una mirada nada más entrar por la puerta. Le enseñaba el flujo pegajoso que se estiraba entre mis dedos índice y pulgar sin romperse y le decía "¿ves? ¡es el momento!", y el pobre ponía cara de resignación y cumplía, aunque por dentro pensaba que seguro que eso mismo le iba a decir al día siguiente y al otro y al otro...

¿Y qué me decís de ese momentazo de poner las piernas en alto? Impulsarte con todas tus fuerzas encima de la cama como si fueras a dar una voltereta hacia detrás, apoyarte en tus codos y cuello y quedarte con las piernas casi tocando la lámpara durante un rato. Y de mientras vas visualizando como los espermatozoides están bajando por efecto de la gravedad y llegan más rápido al útero. Mundial también, ¿no? Total que luego me levantaba y se salía todo igual igual. Toda la sangre a la cabeza y el cuello medio roto para nada!

Ha habido tantos momentos de esos... y todos y cada uno de esos pasos me parecían cruciales. No es que ahora me ría y piense que era ridículo, no, simplemente me hace reír porque tiene su gracia. Pero todo era fruto de la ilusión por ser padres, y eso es bueno, porque si se pierde la ilusión se pierde todo. 

Ahora ya no corro para llegar al laboratorio, ya no exprimo a medianaranja porque tengo moco cervical, ya no me rompo el cuello para que los espermatozoides lleguen a su destino (aunque sí que me pongo un cojín debajo del culete e?). Ya no hago esas cosas, pero sigo teniendo la misma ilusión y una pizca más de relax, no mucho, pero sí algo más.

A 21 de agosto, hace ya cuatro días de mi cuarta inseminación artificial y sé que la espera va a ser igual de larga que las anteriores, pero también sé que todo lo que pueda sentir no va a ser señal ni de una cosa ni de otra. Porque si algo he aprendido es que cada ciclo es diferente y este también lo está siendo, con dolores y sensaciones distintas que no voy a enumerar porque ya aburre. Si me quedo embarazada ya os contaré que cosas diferentes sentí!

Hasta entonces toca seguir esperando e intentar disfrutar del fin de semana. FELIZ VIERNES!!!!



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